Después y antes de una obra

Los antes y después, o después y antes como me gusta decir, son la herramienta más elocuente para mostrar la potencia regeneradora de una reforma. Por eso son de uso habitual de proyectistas, constructoras, interioristas y demás profesionales del gremio.


Mostrar los dos estados de una obra, es una aceleración de 0 a 100 en una fracción de segundo entre la suciedad, deterioro y oscuridad iniciales y la limpieza, funcionalidad y la claridad del resultado.


Centrándome en lo fotográfico, es decir en cómo se cuenta lo que se pretende contar, los después/antes no se diferencian de cualquier otro apartado de la fotografía inmobiliaria. Es decir que hay de todo, incluso parejas de imágenes que hacen dudar de cuál es el antes y cuál el después. Por suerte en el otro extremo hay imágenes excelentes, y todas las variantes que caben entre lo uno y lo otro.


En lo que casi hay uniformidad es en el tratamiento de las fotografías de antes, que suelen empeorarse adrede para favorecer la percepción positiva de las de después.


Creo que ya las cosas son bastante dramáticas de partida como para empeorarlas con malos encuadres, penumbra exagerada o suciedad y objetos por doquier.


No digo que las fotos del estado inicial tengan que procesarse con el cuidado y los recursos que se dedican a las finales, pero sí al menos aplicarles unas correcciones mínimas para que sean reconocibles los espacios con los de resultado: perspectivas corregidas, niveles, brillo/contraste…


Los ejemplos que ilustran este artículo corresponden a la última obra que fotografié para @arquifactoria.mff en La Coruña. Las de antes se hicieron el día de comienzo de obras con los derribos y las finales el día de la entrega en las pocas horas libres hasta que entraba la mudanza de sus usuarios.



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