Senderos floridos, oiga.


Empiezan a hartarme esos mensajes que no paran de llegar proponiéndome hacer cosas diversas, ahora que estoy cautivo.

Conseguir nuevos clientes, formarme, hacer upgrade al 50% de un plan que ni recordaba, aprender la fórmula infalible del éxito y hasta ser mejor persona.


Tengo que confesar que yo soy bastante peor que ellos. Resulta que lo que hago lo hago egoístamente, pensando en salvar mi culo en una situación inesperada, sobrevenida, desconocida, incontrolada e imprevisible.


Bien es verdad que en mi negocio salvar mi culo pasa por salvar el de mis clientes. Ayudar a que se adapten al nuevo escenario y les vaya mejor, nos vaya mejor.


No tengo idea de lo que va a pasar, como todos. Incluso dudo si aquello en lo que creo es convicción o expresión de mis deseos: creo que el sector inmobiliario se va a depurar y profesionalizar, que va a ser más tecnológico y virtual.


Los datos de demanda de algunos de los proveedores con los que he hablado estos días para montar nuevos servicios avalan esa euforia proptech: me hablan de crecimientos del 400% en lo que llevamos de confinamiento.


Y me lo creo o quiero creérmelo. Tanto me lo creo que actúo en consecuencia y aprendo cosas nuevas y adquiero soporte tecnológico para ofrecer nuevos servicios a esas inmobiliarias online que vienen después de la crisis sanitaria y lidiarán con la económica.


En algún sentido soy optimista. No como esos coach que ven un mundo de oportunidades y senderos de flores del que saldremos fortalecidos y siendo mejores personas. Me repatean las frasecitas de autoayuda. Pero optimista en cuanto a ofrecer batalla y apostar por formar parte del futuro negocio inmobiliario.


Para eso hay que idear, aprender, estructurar y arriesgar.

Con miedo y alegría, incertidumbre y todas las dudas, trabajo y disciplina.


Mr. Wonderful ya otro día, si eso.

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